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Cine-63 Festival San Sebastian setiembre

 

Si lo que más se disfruta siempre resulta intenso, divertido, interesante pero, sobre todo, realmente corto, lo que ha ocurrido con el FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN es más que un ejemplo añadido a esta afirmación. La llegada a esta ciudad hace tan solo una semana nos hizo olvidar la fugacidad de los días y lo bien que se vive si se dedica el tiempo a la pasiones. Como si de una larga siesta se tratase, nos hemos despertado con la llegada del último día de festival y la certeza de que, a pesar de que poco a poco el cansancio ha ido haciendo mella y que el sonido del despertador bien temprano pasa factura, ha sido un evento sin duda bien aprovechado, en el que ni un sólo día hemos pasado sin asistir a la proyección de una película. De hecho, no ha habido una jornada en el que un único largometraje haya sido el protagonista, ni una cinta que no haya despertado todo tipo de comentarios a la salida de los cines. Quizá el encanto de una ciudad que se ha puesto al servicio de este espectáculo cinematográfico ha sido una razón más para seguir teniendo en cuenta este festival tanto como en años anteriores y para no despistarse en ningún momento de lo que por aquí acontecía. Una exhibición de tantas obras visuales que culmina con un palmarés que dará mucho de que hablar.

 

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La última jornada de cine todavía nos regaló alguna que otra grata sorpresa, aunque el día amanecía pronto con la proyección de LES DÉMONS, de PHILIPPE LESAGE, una obra un tanto irregular en la que los hechos se suceden con una fotografía sublime y de forma constante, pero con una predilección por la lentitud que despertó entre el público algunos sonoros bostezos, quizá por la hora del visionado, que invitaba a los asistentes a cargarse de grandes dosis de café, o con más probabilidad, por el lastre que suponía un largometraje en el que se vuelve a pecar de alargar la trama de forma innecesaria, lo que hizo que más de uno se revolviese en la butaca. Sin embargo, inmediatamente después, la misma sala aparecía abarrotada para disfrutar de BLACK MASS, esperado regreso de JOHNNY DEPP a la gran pantalla en una cinta que dio (bastante) más de lo que se esperaba. El deseo de muchos de encontrar un guion ágil, fácil de llevar y, sobre todo, de calidad, se vio cumplido al poco de iniciarse la película y la visión de un elenco soberbio hizo avivar los aplausos que se sucedieron en cuanto los créditos aparecieron en la pantalla.

Pero todavía quedaba un último filme que visionar, un último reducto para lanzar una opinión y una última esperanza de que el final del festival no dejaría que el público se fuese con la sensación de haber vivido una jornada de forma agridulce. Pero no fue así. La proyección de LONDON ROAD culminó con unos aplausos concedidos por lástima (o, quizá, porque la aparición de los créditos finales era un motivo para el júbilo). Con un planteamiento inicial realmente atrayente, a los pocos minutos del inicio el espectador ya era consciente de que lo que iba a ver en la gran pantalla no sería, en general, de su agrado. Un proyecto musical sin ritmo alguno que ni la aparición de TOM HARDY a golpe de letra nada pegadiza pudo salvar. Probablemente, lo más sonoro fue alguno de esos pequeños ronquidos que se pudieron escuchar entre el público que, queremos creer, sucumbieron al cansancio del festival y no al tedio que les producía lo que visionaban sus ojos.

 

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El FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN llega así a su fin. Por supuesto, todavía queda lo más esperado: la resolución final y la confección de un palmarés que, con toda probabilidad, no dejará indiferente a casi nadie. Las apuestas se han ido sucediendo a lo largo de la semana entre los asistentes y, realmente, es complicado apostar por un solo largometraje que pueda alzarse con el mayor premio concedido en este evento, la Concha de Oro, que el año pasado fue a parar a MAGICAL GIRL. Como no podría ser de otra forma, será la mejor manera de despedirse de San Sebastián.

 

 

Sheyla López

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