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La Nouvelle Vague nunca nos dejó. Hubo un tiempo en que el cine nacido en Francia parecía atravesar las fronteras comerciales y abandonar ese estilo reconocible y magnético que tanto le caracterizó hace ya varias décadas. Había sucumbido a los grandes cines, a las grandes pantallas y a la cartelera masiva donde se mezclaba con largometrajes que, en ocasiones, aparentaban ser productos prefabricados para encandilar al gran público y que serían olvidados poco después sin dejar un rastro de su paso por las salas. Sin embargo, y a pesar de las apariencias, el cine francés, en mayúsculas, jamás dejó de ser lo que fue, a pesar de sucumbir en varias ocasiones a los cantos de sirena de la comercialización y la masificación cinematográfica. A grandes rasgos, las características que fascinaron a un público aparentemente minoritario que nunca lo fue jamás dejaron de aparecer en cada resquicio de cada filme venido del país vecino, lo que se tradujo en constantes homenajes tan valientes como necesarios. No obstante, la sombra de la Nouvelle Vague nunca llegó a disiparse del todo y ese estilo tan atrayente, tan aparentemente complejo, apenas se descuidó.

 

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Así, SÉBASTIEN BETBEDER debuta en 2 OTOÑOS, 3 INVIERNOS con tantos tópicos nacidos del movimiento cinematográfico francés por excelencia que hacen del largometraje una sucesión de recursos ya explotados durante décadas. El discurso narrativo deja entrever una necesidad de frescura argumental que se pierde a medida que la película cobra forma, alterando el sentido básico del filme que viene dado por la exposición del amor y el desamor en las formas más comunes que conocemos a través de unos personajes que, lejos de aportar la complejidad que el filme parece necesitar en ciertas ocasiones, abandonan esa diversidad para simplificar los aspectos más requeridos de esta temática.

Sin embargo, BETBEDER acierta al utilizar a dichos personajes como narradores de su propia historia, recurriendo a la cercanía de planos y la voz en off, lo que incluye al espectador en el relato que aparece ante él, haciéndole prácticamente partícipe de la conversación que los protagonistas pretenden establecer con el público. Dado que esta ruptura de la cuarta pared supone otro recurso ya utilizado en múltiples ocasiones, podemos establecer que 2 OTOÑOS, 3 INVIERNOS se construye de forma nada sutil sobre técnicas pasadas que parecían olvidadas. Pero, a pesar de ello, quizá es la nostalgia dada por un estilo cronológicamente narrado y aparentemente deconstruido lo que hace que el filme sea, en parte, atrayente.

 

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Probablemente, lo más sobresaliente de 2 OTOÑOS, 3 INVIERNOS es el grupo protagonista que da forma a un argumento simplista carente de innovación. Así, VINCENT MACAIGNE (LA CHICA DEL 14 DE JULIO, EDEN) encarna maravillosamente a un personaje que, tras su apariencia triste y desgarbada, parece creado para llamar a la compasión del espectador, experimentando un crecimiento exponencial a lo largo del filme. El resto del reparto principal se completa con MAUD WYLER (LOW LIFE), BASTIEN BOUILLON (LE BEAU MONDE) y AUDREY BASTIEN (PUPPYLOVE), conformando un conjunto actoral que supera la corrección y aporta una rasgo diferenciador frente al resto de elementos que se desgranan de la película.

A pesar de la aparente agilidad de un guion construido a través de componentes episódicos, el argumento se torna tedioso en ciertas ocasiones, dando lugar a una intención de alejarse de la comedia romántica al uso a través de recursos tan manidos como obvios, aportando esa redundancia narrativa que fácilmente puede hacer perder al espectador el interés en lo que se proyecta en la gran pantalla. La construcción de 2 OTOÑOS, 3 INVIERNOS como una película con una actitud comercial disfrazada de estilismo aparentemente novedoso, así como su sutil comicidad que envuelve el tono dramático de las situaciones que plasma el argumento, hacen de este largometraje un reflejo de la dificultad para innovar lo que la Nouvelle Vague aportó en el pasado.

 

LO MEJOR

  • El empleo de los personajes protagonistas como narradores de sus propias historias.
  • A pesar de las apariencias, resulta cómica en momentos clave del largometraje.
  • El reparto aporta esa frescura que el argumento parece haber olvidado.

LO PEOR

  • La repetición de recursos anteriores haciéndolos pasar por novedosos.
  • El homenaje a la Nouvelle Vague se pierde en un argumento tan trillado como repetitivo.
  • Su intención de innovar resulta fallida, haciendo de la película una forma de entretenimiento sin más.

 

 

Sheyla López

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