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Mirar atrás no es la solución. El cine español, con todos sus defectos y sus limitaciones, tiene que mirar hacia delante porque el camino va a seguir siendo duro a tenor de lo visto en esta edición. Que el festival cada año madura de maravilla ampliando y reforzando sus secciones es indiscutible. Que la naturaleza de las cintas que hemos podido ver (y en algunos casos disfrutar) en la Sección Oficial difícilmente ayudará a reconciliar al público en general con nuestro cine también es indiscutible.

Pocos han sido los títulos que han gozado de una recepción realmente positiva, y unánime, en esta edición. Algunos destellos de luz que no nos parecen suficientes para iluminar los sombríos senderos por los que nuestro cine sigue empeñado en deambular. Los mismos argumentos de siempre protagonizan los mismos debates de siempre, en los que como siempre, apenas se adivina un progreso o un avance que encamine las posturas de los actores implicados hacia una reconciliación que logre por fin la comunión del público con el cine español. Debates en los que unos y otros siguen enzarzados en decenas de teorías que presumen explicar por qué al cine español le cuesta tanto atraer al público a las salas. El IVA, las subvenciones, la pirateria, las cuotas de pantalla, el doblaje, la locura esa de que la gente no quiere ir al cine…todos ellos argumentos tristemente conocidos ya por todos, porque llevamos mucho tiempo analizando los problemas domésticos, comparando nuestra situación con la de países vecinos, pero no así parece que nadie finalmente se haya preguntado a estas alturas por algo tan simple como los gustos del público, que al final es el que sube a los altares o condena a los infiernos del olvido el trabajo de nuestros creadores.

Mientras OCHO APELLIDOS VASCOS seguía amasando euros por todo el país pulverizando todas las previsiones (el pasado viernes 28 era la película más taquillera por delante de uno de los pesos pesados del año, CAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNO, que se estrenaba ese mismo día, cerrando este último fin de semana con 16 millones acumulados!!!) en Málaga asistíamos a la proyección de cintas que, en muchos casos, disfrutan de aciertos individuales en el trabajo de sus actores o técnicos, pero que fallan en su conjunto como producto que pueda ser disfrutado sin complejos y con alegría por el público en general. En este punto no debemos olvidar que los festivales son frecuentados por tres grupos de espectadores: la crítica especializada, la propia industria (distribuidores, actores, directores, productores…) y un sector del público en constante comunión con el epíritu del festival, sea Sitges, Málaga, San Sebastián, o el que se tercie. La predisposición es muy alta para degustar, saborear, y finalmente alabar y celebrar los títulos presentados. La verdadera prueba de fuego llegará con el estreno de estas películas porque si no se conecta con el público en general poco se habrá adelantado, y así, y de nuevo, algunos seguirán llevandose las manos a la cabeza mientras se preguntan qué están haciendo mal (en el mejor de los casos) o quién les pone la pierna encima (esto último es mucho más fácil).

CARMINA Y AMÉN y LA VIDA QUE TE ESPERA quizás sean las cintas con más futuro en la taquilla de las que hemos podido ver. Ambas funcionarán porque mientras la película de PACO LEÓN repite (y mejora) la fórmula de su primera parte, LA VIDA INESPERADA es una película más que correcta en todos sus apartados. El último trabajo de TORREGROSA va a conectar con el público porque la historia que cuenta es tristemente actual. El dramatismo existencial al que se enfrentan sus protaginistas con el sentido del humor como mejor aliado es el día a día de muchos, de demasiada gente en este país. Junto a ellas, y todo dependerá de la promoción (otra de nuestras asignaturas pendientes), las sensaciones que han transmitido 321 DÍAS EN MICHIGAN y 10.000 KILÓMETROS, las grandes triunfadoras de esta edición, han sido muy positivas. Por ver está la recepción de DIOSES Y PERROS, KAMIKAZE, y UNA NOCHE EN EL VIEJO MÉXICO, pues todas ellas disfrutan de algún gancho para el público, ya sea por sus actores principales, por sus secundarios, o por el tratamiento de la historia. Otros títulos, en cambio, tienen casi asegurado un discreto paso por la taquilla pese a contar con el buen trabajo de sus actores. Tanto ANOCHECE EN LA INDIA como TODOS ESTÁN MUERTOS, ambas en su conjunto, son películas muy difíciles para el público más generalista.

Durante estos días hemos asistido a la obligatoria ilusión que acompaña a todos los que en Málaga presentaban película. Directores que irradían felicidad (y no es para menos) por haber terminado la etapa más dura de cada una de sus maratones personales en las que se convierte su vida desde el mismo momento que deciden sacar adelante un proyecto en este país. Hemos celebrado con ellos los premios, las felicitaciones, los aplausos y los reconocimientos, porque es lo que toca y porque hay que ser de piedra para no implicarse con la sincera felicidad que se adueña de los ojos de nuestros creadores cuando el feedback es positivo. Hay mucho esfuerzo, trabajo y sacrificio detrás de cada uno de los títulos. Sólo un necio podría discutir este punto. Lo que entristece es pensar cómo estas mismas alegrías, que llevan muchos años acampando en Málaga, muchas veces se apagan con la misma rapidez de una bengala, cuando llega la hora de mover la película y luchar para conseguir un estreno digno para poder hacer sus historias al mayor número de gente posible. Porque lamentablemente los premios no valen mucho cuando de lo que se trata es de hablar de números. Por supuesto que facilitan, pero no aseguran que ninguna puerta vaya a abrirse.

Con todo esto, las impresiones se antojan muy descompensadas. Al cine español le cuesta un mundo apostar por esa fórmula mágica que le permite conectar con el público y parece que está condenado, si sigue este camino, a seguir implorando a los gobiernos de turno esas soluciones que pasan por hacer autoevaluación de una vez y plantearse hacia dónde se quiere ir.

Vaya por delante que deseamos lo mejor a nuestros creadores y que en nosotros siempre encontrarán una mano amiga, pero ni nuestro apoyo ni nuestro reconocimiento servirán de nada si gran parte del cine que llega a las carteleras no tiene en cuenta qué es lo que realmente le apetece ver al espectador, que si en la tele tiene el mando, en el cine es también soberano para decidir en qué emplear su dinero.

 

Alfonso Caro

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