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Por 13 razones - El PalomitronSi ha habido algo indiscutible estas dos últimas semanas es que Por trece razones (13 reasons why) se ha convertido, quizá de forma inesperada, en uno (¡otro!) de los fenómenos de la plataforma Netflix. La serie, basada en el best seller de Jay Asher, cuenta con nombres tan suculentos a los mandos de su producción como los de Selena Gomez o Tom McCarthy (Spotlight), que incluso ha dirigido los dos primeros episodios.

Éxito de audiencia aparte, lo cierto es que Por trece razones esconde muchos motivos por los que no es solo un producto efectivo en lo que a atrapar espectadores se refiere, sino que es un producto cuyo visionado debería ser obligado y necesario para prácticamente todo tipo de público.

Si todavía os quedan dudas, os damos las trece claves por las que Por trece razones es un must see más que necesario.

Las distintas caras del bullying

Hannah Baker en Por trece razones- El PalomitronEl acoso escolar se asocia a menudo con la agresión física, pero es un fenómeno que puede adoptar distintas formas: insultos, amenazas, difusión de rumores o, directamente, la exclusión. Por trece razones trata de abarcar todos estos aspectos y lo hace, además, demostrando la relación entre ellos y afirmando que no existe algo semejante al acoso menor, sino pequeños agravios que desembocan en grandes pesadillas. Pero lo verdaderamente inteligente de la serie viene cuando el espectador, para su propia incredulidad, puede sentirse identificado no ya con la víctima, sino con el abusón. Y uno se pregunta: ¿Es posible que, sin pretenderlo, haya formado parte del sufrimiento de otra persona?

“Prácticamente suplicaba por ello”

Por trece razones - El PalomitronEsta frase que escucha Clay en los capítulos finales de la serie y que nos parece tan vergonzosa como repugnante es, a su vez, tan sumamente real que por desgracia es uno de los motivos más necesarios por los que ver Por trece razones. ¿Nos escandaliza que hoy en día todavía se piense que el hecho de que una mujer sea extrovertida, vista de determinada manera o un largo etcétera de ejemplos similares signifique que está pidiendo sexo? Suponemos que sí, pero generalmente no hacemos nada para cambiarlo y con esto únicamente contribuimos a su normalización. Quizá, solo quizá, impactarnos con el suicidio de Hannah (aunque sea ficticio) es el primer paso para intentar cambiar esta situación que, podemos afirmar y no nos estaremos equivocando, sonará familiar a muchas de las mujeres que estéis leyendo esto.

Slut-shaming

Slut-shaming en Por trece razones - El Palomitron

En un determinado momento de la serie, un chico elabora una lista en la que Hannah es nombrada como “Mejor culo”. Esto, muy lejos de suponer un cumplido, propicia la sexualización y cosificación a la que se ve sometida, y contribuye a que su cuerpo pase a una especie de dominio público, algo sobre lo que sus compañeros de clase se ven en derecho de juzgar. Hannah, como tantas niñas y mujeres, pronto se ve reducida a un trozo de carne. Si encima la chica en cuestión decide explorar su sexualidad con libertad, le empiezan a llover calificativos como “guarrilla”, “putón” o “zorra”. Esto, conocido por el término slut-shaming, es algo a lo que la mujer se ve sometida con demasiada frecuencia, reduciendo sus opciones a la abstinencia o la vergüenza. ¿Cuál es el equivalente masculino de “guarra”? Porque parece evidente que “pichabrava” no tiene las mismas connotaciones.

Visibilidad LGTBIQ

Fiesta baile en Por trece razones - El Palomitron

Que se han dado pasos agigantados en lo que a representación del colectivo LGTBIQ en la televisión se refiere no es ninguna novedad, y no vamos a dar crédito por esto a Netflix. Sin embargo, esa representación a menudo peca de caricaturesca, cuando no directamente ofensiva, y Por trece razones tiene la inteligencia, o más bien el sentido común, de ofrecer una visión naturalizada y realista. Al menos dos personajes principales (y otros dos secundarios) son homosexuales: uno de ellos vive su condición sexual de forma desacomplejada y el otro, en cambio, trata desesperadamente de ocultarla (por un motivo que también da pie a un interesante debate: el personaje en cuestión es la hija adoptiva de una pareja de hombres, y teme que confesar su lesbianismo pueda de algún modo alimentar la estúpida asunción de algunos de que una pareja gay solo puede criar a un hijo de sexualidad no normativa).

Los peligros de las redes sociales y la mensajería instantánea

Equipo Tigers de Por trece razones - El PalomitronPuede resultar repetitivo, pero si cada día hay nuevos casos en los que las redes sociales o WhatsApp han sido los principales responsables de algún suceso negativo, es que todavía no estamos concienciados de cuán importante es hacer un buen uso de estos. Hannah Baker lo sufre desde el primer capítulo y otros muchos personajes también lo acaban aprendiendo después. Si esto logra que, aunque sea, uno de cada cien jóvenes (sobre todo) empiece a coger conciencia de cómo de rápido nuestras mayores vergüenzas (o las de otros) pueden difundirse por este tipo de apps sin que podamos controlarlas, la ficción podrá darse por satisfecha. Y nosotros también.

El verdugo que hay en nosotros

Hannah y Justin en Por trece razones - El PalomitronNo hace falta haber robado el almuerzo de otro niño para contribuir al acoso escolar. A veces alguien como Clay, el inocente y bienintencionado protagonista de la serie de Netflix, puede ser un verdugo involuntario. ¿Empleaste un mote para referirte a otro niño, aunque no lo hubieras inventado tú y a él pareciera no importarle? ¿Evitaste relacionarte con él para que no te “metieran en el mismo saco” y no recibir el mismo trato? ¿Guardaste silencio ante situaciones degradantes? Si has respondido que sí a alguna de estas preguntas, es probable que hayas contribuido activamente al sufrimiento de otra persona. Por trece razones ayuda a detectar este tipo de comportamientos y propicia un debate de urgente necesidad.

Una serie para (estremecer) a toda la familia

Hannah y su madre en Por trece razones - El Palomitron

Incluso todavía mejor que hacer un maratón de Por trece razones es hacerlo en familia y, sobre todo, si se tienen hijos adolescentes. Todos y cada uno de los capítulos de la serie tienen un mensaje dispuesto a hacer mella tanto en adultos como en jóvenes, aunque sea (y deba ser) de diferentes maneras: los jóvenes deben ver cómo ellos mismos contribuyen de formas que ni ellos mismos saben a acrecentar una situación así, y los adultos, por su parte, deben empezar a ser conscientes de cómo muchas veces pasan ciertas situaciones por alto y no las tienen lo suficiente en cuenta como para remediarlas a tiempo.

Sutilezas fuera: mirando a los ojos de la bestia

Jessica y Justin en una fiesta en Por trece razones - El PalomitronNetflix se ha visto envuelta en una gran polémica por su decisión de abordar el abuso escolar, la sexualidad en la edad adolescente y el suicidio sin tapujos. Y esto, se mire por donde se mire, supone una excelente noticia. Al debatir sobre la idoneidad (o no) de sus imágenes gráficas, nos vemos obligados a hablar de ciertos tabúes que han de ser encarados con responsabilidad, por supuesto, pero también dejando de lado la sutileza, que es la que en ocasiones impide un debate real. Contemplar los datos de una estadística puede provocar disgusto, pero ver el trágico camino de Hannah hacia la muerte tiene consecuencias mucho más directas: en ella vemos reflejada a nuestra hija, a nuestro hermano, a nuestra sobrina, a nuestro mejor amigo… o incluso a nosotros mismos.

El suicidio televisado

Hannah Baker en la serie Por trece razones - El PalomitronSi bien todos sabíamos que en algún momento u otro iba a ocurrir, muchos habrán sido los que se hayan llevado las manos a la cabeza con lo explícito de la escena del suicidio de Hannah. No los juzgamos: la escena es terriblemente sobrecogedora y, posiblemente, también terriblemente realista. No vamos a desvelar ningún detalle al respecto para los que no la hayáis visto, pero no hay mejor manera de concienciar sobre todo lo que se ha contado en los doce capítulos anteriores que mostrando las cosas como son, sin tapujos ni medias tintas. ¿Impactante? Sí, pero es quizá la mejor manera (si no la única) de que el mensaje que se ha intentado manifestar llegue a calar en el espectador.

El origen del monstruo: masacres en institutos

Alex, Clay y Tyler en Por trece razones - El Palomitron

Aunque la serie no aborda directamente el escabroso tema de las matanzas en institutos (que generalmente se dan en los Estados Unidos), sí da ciertos apuntes al respecto, en especial a través de uno de los personajes. Estos asesinos, con frecuencia, han sido previamente víctimas de acoso escolar, ya sea de forma violenta o siendo marginados por no encajar en los ilusorios cánones de normalidad imperantes. Luego está, claro, el problema del fácil acceso a las armas en los Estados Unidos, que también es tratado, aunque de forma efímera, en Por 13 razones.

El trasfondo secreto de la popularidad

Bryce en Por trece razones - El Palomitron

Otro acierto de Por trece razones consiste en desmontar el mito de los “populares”, esos reyes y reinas del instituto cuya vida, desde el exterior, parece envuelta en paños de seda y rociada en confeti. La adolescencia es una etapa vital llena de cambios, ajustes hormonales e inseguridades, y ni siquiera el rey del baile se libra de ellos. Mantener la reluciente fachada puede tener también, en ocasiones, un alto precio. Si dedicáramos más atención a aquello que nos hace iguales y nos une, y menos a encumbrar a esos falsos apóstoles de la perfección, quizás encontraríamos un terreno común donde nadie se sintiera inferior ni rechazado.

Un reparto en estado de lucidez

Baile Clay y Hannah en Por trece razones - El PalomitronAunque el trasfondo de esta serie vale lo suficiente como para brillar por sí mismo, no vamos a negar que la elección del reparto ha sido uno de los principales factores culpables del éxito de la serie. Si bien prácticamente todo el cast, poco conocido en su mayoría, está en extremado estado de gracia, las interpretaciones de sus protagonistas Dylan Minnette (No respires) y la (casi) debutante Katherine Langford sobresalen con nota. La voz y el aire taciturno del primero conforman un perfecto equilibrio, casi mágico si tenemos en cuenta las escenas de los flashback, con la sonrisa y mirada de la segunda, y crean, así, la química que se necesita entre los protagonistas de una historia como la que nos ocupa.

La importancia de llamarse Netflix

Clay con las cintas en Por trece razones - El PalomitronQue Netflix nos ha regalado multitud de obras notables y alguna brillante es algo que cualquiera que haya seguido los avances de la plataforma de streaming ha podido comprobar. Pero Por trece razones inicia una nueva categoría dentro del extenso catálogo de la compañía: el de las series importantes. Su desarrollo narrativo puede atraer a algunos y exasperar a otros (¿Por qué demonios no escuchas todas las cintas de una sentada como haría cualquier ser humano, Clay?), pero su innegable clarividencia a la hora de tratar el acoso escolar y algunos de los aspectos menos visibilizados de la problemática adolescente convierten la serie en un hito histórico. Merece ya no solo nuestra atención, sino también nuestro respeto. Mirar a otro lado no es una opción. Y Por trece razones nos obliga a mirar.

Si bien a priori la serie podía parecer pensada para una única temporada, recientemente, tanto por parte del autor del libro como por parte del reparto, se han abierto rumores de la existencia de una segunda temporada que cierre muchas de las tramas que se han ido abriendo en los capítulos finales. Sea como sea, si se pone en marcha una segunda temporada de Por trece razones y es la mitad de enriquecedora que su primera, nosotros no pensamos perderle la pista. Y esperamos que después de este artículo vosotros tampoco.

Álex Merino

Silvia Martínez

4 Comentarios

  1. Si a la redactora no le importa demasiado, me gustaría añadir algún que otro toque personal:
    Que debería ser asignatura troncal ver una serie tan tristemente realista lo sabemos todos, pero hay mucho mensajes importantes que posiblemente se hayan quedado por el camino (pese a estarlos) por la tremenda importancia de lo que se cuenta. Me gustaría aportar que una de las cosas que mejor refleja la historia de Hannah Baker, es romper el tabú a la hora hablar libremente y sin complejos no sólo del buying, si no también de su variante “micro” que siempre pasa tan terriblemente desapercibida para los medios y para la comunidad educativa. Gran parte de los primeros escalones que desciende la protagonista camino a su infierno particular vienen por situaciones de este tipo. No hablamos del típico cliché del nerd al que meten de cabeza en el váter o que golpean al salir: hablamos de miradas, susurros, rumores y redes sociales, entre otras. Son tan peligrosos como su variante más conocida.

    Durante una conversación de Clay con su madre, aparece otro de, los para mi, grandes pilares de está serie: que la imperativa necesidad de los padres de que sus hijos no sufran buying les hace obviar la idea de que puedan ser ellos mismo quienes los estén causando.

    Existen otros cientos de ejemplos de mensajes similares, pero darían para un par de artículos más.

    Por último, alabar al director de casting o al responsable encargado de traer a Katherine Langford: una actriz que borda su papel, que construye una Hannah llena de capas y matices con su actuación, alejada fisicamente del cliché de este tipo de series, en perfecta concordancia con el tono realista general de la serie: no sería igual sin ella.

    • ¡Hola, PabliLynch! (Bonito nick, por cierto)

      Muchísimas gracias en primer lugar, por habernos leído (¡hemos sido dos los culpables del artículo! =P) y en segundo lugar, por haber querido dejar tu opinión que… por supuesto, es acertadísima.

      Coincido con todo lo que dices, empezando por la elección de la actriz para el papel (y añadiendo la del actor, al que también he visto más que convincente) y siguiendo por el resto de aspectos que añadirías.

      La verdad es que podríamos perfectamente haber llenado varios artículos porque es cierto, ¡hay muchísimos mensajes! Pero hemos querido poner sólo trece razones no muy largas para que no os durmierais en el intento…

      Mil gracias de nuevo por tu mensaje y… ¡quedas invitado para comentar siempre que quieras! 🙂

  2. Leyendo este artículo recuerdo por que nunca leo críticas de todas las películas y series que veo o que voy a ver. Por que me gusta enterarme de lo que ocurre cuando las veo, o bien, por lo poco que aportan a posteriori.
    Respecto al suicidio, “No vamos a desvelar ningún detalle al respecto para los que no la hayáis visto”, ¿en serio? ¿qué falta exactamente por revelar? ¿qué se corta las venas? (algo que comentan en el primer o segundo episodio).
    Y, sinceramente, parece que no habéis visto la serie, por muchas de las cosas que comentáis.
    Y ya por último, “en ella vemos reflejada a nuestra hija, a nuestro hermano, a nuestra sobrina, a nuestro mejor amigo… o incluso a nosotros mismos.” ¿En serio cuesta tanto usar el puto femenino? Joder, creo que las chicas nos sentimos identificadas con la violación o cosificación de nuestro cuerpo, no así como los hombres.

    • ¡Hola, Ana!

      En primer lugar, gracias de todos modos por habernos leído y haber querido dejar tu opinión. De verdad, de verdad, que te aseguramos que hemos visto la serie 🙂

      Respecto al tema del suicidio, todos sabemos que se va a suicidar, pero hemos sido muchos los espectadores que no nos esperábamos lo explícito de su escena, muchos los que la han criticado y hemos querido preservar los detalles y no describirla paso a paso.

      Y en lo que se refiere a la frase que has citado, si lees el epígrafe verás que nosotros en ese punto no estamos hablando ni de la violación ni de la cosificación del cuerpo de la mujer en concreto. En otros puntos sí y, por supuesto, es el género femenino el que hemos utilizado. Pero en este estamos hablando de todo lo que sufre la protagonista a lo largo de la serie que le lleva al suicidio e incluye actos que, por desgracia, también pueden sufrir los hombres. ¿O es que acaso no ha habido víctimas de bullying masculinas?

      Una vez más, un saludo y muchas gracias por dejar tu opinión 🙂

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