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TOM HANKS MEJORES PAPELES EL PALOMITRON
¿Forma Tom Hanks parte del Olimpo actoral de Hollywood? Si la trayectoria ascendente que vivió en los 90 se hubiese perpetuado a la década siguiente, podríamos afirmar rotundamente que sí. No obstante, este incremento de calidad respecto al tiempo se truncó a partir de 2002 (Camino a la perdición y Atrápame si puedes, ambas de dicho año, son sus dos últimos exponentes). A partir de este punto, y hasta El atlas de las nubes (2012), su carrera divagó entre filmes correctos donde él es, sin ningún lugar a dudas, el atractivo principal de la cinta, con permiso de algunos actores secundarios (véase La terminal, de 2004, La guerra de Charlie Wilson, de 2007, y Tan fuerte, tan cerca, de 2011) y filmes directamente bochornosos como Ladykillers (2004) o El código Da Vinci (2006), con peluca imposible de estilo nicolascageiano incluida.

A pesar de todo esto, y olvidando el videoclip que rodó con Carly Rae Jepsen, vislumbramos una luz al final del túnel gracias a títulos como El atlas de las nubes (2012) (aunque esta inclusión daría pie a un acalorado debate), Capitán Phillips (2013), El puente de los espías (2015) y, en menor medida, Al encuentro de Mr. Banks (2013) y Esperando al rey (2016). Todos de calidad notable y con grandes interpretaciones del actor, que marcan los primeros pasos de una nueva etapa (esperamos que larga y próspera) que podría devolverle su antiguo estatus. Sin embargo, para nosotros no necesita hacer más cintas para certificarse como uno de los grandes. No dudamos al afirmar que ya lo es. He aquí 10 escenas que respaldan esta declaración.

SALVAR AL SOLDADO RYAN (Steven Spielberg, 1998) 

El genio de Hanks brilla como nunca antes en la que probablemente es la mejor escena de su carrera. La complejidad de la secuencia reside en el hecho de que el actor debe interpretar a dos niveles. Por un lado, tenemos un momento de desnudez emocional, un intento de conseguir que sus compañeros empaticen con él por medio de mostrarles su fragilidad. Por otro, un capitán calculando cada palabra de su discurso para evitar un trágico desenlace en un momento de alta tensión. Su interpretación es calculada al milímetro; cada inflexión de su voz, cada pausa, cada movimiento aporta matices a la situación. Sin embargo, no pierde naturalidad ni capacidad para establecer una conexión emocional fuerte con el espectador.

LA MILLA VERDE (Frank Darabont, 1999)

El hecho de dominar a la perfección estos pequeños detalles que son tan gratificantes para el espectador no le impide brillar en momentos más grandilocuentes, más “operísticos” (véase la desgarradora secuencia de La Mamma Morta en Philadelphia), sin tanta necesidad de matizar su interpretación, como el personaje llorando en primer plano con música triste de fondo. Hay muchos ejemplos de este tipo a lo largo de su carrera (solamente en Philadelphia ya unos cuantos brillantes, como este), pero nosotros nos quedamos con esta secuencia de La milla verde por su emotividad.

ESTA CASA ES UNA RUINA (Richard Benjamin, 1986)

En el extremo opuesto del registro de la escena escogida de La milla verde se sitúa esta delirante interpretación. Aunque por algún motivo que se nos escapa, las actuaciones cómicas siempre son consideradas como menores, intrascendentes, permiten a los intérpretes experimentar sin restricciones con su físico y su voz para conseguir generar nuevas emociones al espectador. No hay mejor ejemplo de esta valentía y desinhibición que la brutalidad que lleva a cabo en esta secuencia Tom Hanks. Además, el vídeo contiene dos momentos que harán las delicias de los fans de Breaking Bad y de los homenajes. Una vez encontrados, comprobadlos aquí y aquí.

CAPITÁN PHILLIPS (Paul Greengrass, 2013)

A veces, el drama también permite momentos más desencorsetados y alejados de las convenciones establecidas, eso sí, en una tesitura menos histriónica. La aproximación del actor a la secuencia es extraordinariamente honesta. No hay códigos establecidos, no hay gestos para marcar el ritmo, no hay cadencias de sonidos… No hay filtros. La violencia de su actuación, combinada con la cámara documentalista de Greengrass, nos posicionan en el centro de la acción. Toda esta crudeza desgarradora suscita en el espectador un proceso de catarsis similar al que generaban las secuencias clave de Sean Penn en Mystic River (2003) y de Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo (1951).

NÁUFRAGO (Robert Zemeckis, 2000)

Aparte de la arriesgada entrega mental vista en Capitán Phillips, Tom es igualmente elogiado por sacrificar su físico si el papel lo requiere. En ningún filme queda tan patente como en Náufrago. Todo el desarrollo emplazado en la isla es brillante en términos de la actuación de Hanks, principalmente debido al nivel de su entrega corporal. De todas ellas no sabemos si la escena del fuego es la mejor, pero lo seleccionamos, puesto que es muy difícil crear este grado de empatía con un suceso que aparentemente nada tiene que ver con nuestra realidad.

FORREST GUMP (Robert Zemeckis, 1994)

Si mezclamos todo lo que hemos mencionado en los dos últimos apartados con un personaje caramelo a nivel de guion obtenemos uno de las mayores iconos cinematográficos del siglo XX. Hanks no requiere una transformación física total que le haga irreconocible, sino que jugando con unos pocos elementos consigue crear un personaje que nada tiene que ver con los que había interpretado anteriormente. No obstante, todo este proceso de metamorfosis no mina su naturalidad ni espontaneidad. El clip seleccionado es interesante porque en él Hanks combina los estilos de actuación que hemos comentado en los dos primeros apartados.

EL ATLAS DE LAS NUBES (Tom Tykwer y Hnos. Wachowski, 2012)

Sin embargo, cuando la historia lo exige también es capaz de realizar una transformación más extrema aprovechando sus indiscutibles dotes para la comedia. Puede que este momento de El atlas de las nubes no contenga su trabajo más refinado ni más pulido, pero demuestra que el actor no tiene miedo de nada y que puede crear un personaje genial en solo 3 minutos. Por todo esto, le perdonamos el atroz acento.

LA TERMINAL (Steven Spielberg, 2004)

Mucho más trabajado es su acento en La terminal. En el filme, el personaje vive circunstancias de alto potencial dramático, pero el actor nunca pierde el control de su registro vocal hasta el punto que parece que Tom Hanks está aprendiendo inglés por primera vez. Uno de estos instantes, probablemente el mejor junto al momento en el que descubre los hechos ocurridos en su país natal, lo tenéis encima de estas líneas.

TOY STORY (John Lasseter, 1995)

En un tono más excitado (pero no por eso menos meritorio) se encuentra su trabajo vocal en Toy Story. Como en los casos de los papeles cómicos, son infravalorados por crítica y público aunque contengan grandes interpretaciones perfeccionadas como piezas de orfebrería y que consiguen contar mucho con muy poco. De ellos únicamente se rescata la creación de Robin Williams en Aladdin (1992) pero ya es hora que se salgan a relucir muchos otros como, por ejemplo, el Woody de Tom Hanks.

CAMINO A LA PERDICIÓN (Sam Mendes, 2002)

La última escena que vamos a destacar es esta maravilla de Camino a la perdición. Seremos breves, puesto que es preferible que miréis el vídeo (y la cinta) antes que estas líneas. Solo haremos un pequeño apunte: cuando un actor es capaz de mantener la compostura con gran dignidad en este tête à tête con uno de los grandes como es Paul Newman, no hay dudas: él también lo es.

Para acabar, si aún no estáis convencidos, si necesitáis más evidencias, aquí os dejamos con el mejor vídeo que veréis este mes (probablemente). And now… ladies and gentlemen… Monty Python featuring Tom Hanks (en la fila de abajo, el primero por la derecha, al lado de Eric Idle):

 

Pau Jané

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